Uno de los enemigos de los equipos, el Ego del Jefe

Construir un equipo de trabajo no es fácil. No basta con trabajar duro, ni son suficientes las expectativas positivas y el buen trato. Tampoco se construye un equipo con golpes sobre la mesa y solo con autoridad. Un equipo de trabajo ha de desear llegar a la meta, con el apoyo de todos sus miembros. Para eso hace falta que las relaciones sean honestas y para ser honesto hace falta valor, eso sí el premio de la honestidad en las relaciones es LA CONFIANZA, ingrediente indispensable para construir equipos de alto rendimiento.

Un grupo de trabajo se mueve de forma descoordinada, aislada, lo mueve el logro individual, comparten espacio pero no hay integración, esto sucede cuando los miembros del equipo no confían en que sus esfuerzos serán reconocidos individual y colectivamente. Sus proyectos se alargan en el tiempo y se generan conflictos que afectan a la productividad y a la salud de sus miembros.

Los equipos de alto rendimiento logran un alto nivel de desempeño, tienen una visión a largo plazo, una actitud cooperativa, comparten una meta común y se saben coprotagonistas del resultado, es por eso que arropan a su líder ya que saben que el triunfo es colectivo y su líder así se lo reconoce.

Una de las características de un equipo de alto rendimiento es la seguridad que se deposita en cada uno de los integrantes y la confianza y el apoyo mutuos, lo que contribuye a un estilo mucho más eficiente a corto plazo y que mejora sus resultados a largo plazo, pero lo mejor de todo es que si hay una dificultada la superarán a mayor velocidad y con mayor efectividad. Así se genera un círculo virtuoso: el equipo confía en su líder y lo sigue, así como el líder confía en su equipo que lo apoya. La conciencia de esta condición de reciprocidad es el campo fértil para la cooperación.

Un líder complaciente, indeciso, débil que evade la responsabilidad o bien que en momentos decisivos se comporte como impredecible o dudoso genera incertidumbre en el equipo y la confianza del éste se desliza por un camino peligroso. En el lado opuesto un líder controlador, hostil, demandante y hambriento de poder genera inhibición en los miembros y estos consciente o inconscientemente se protegen de la hostilidad manifestándose en una espera de directrices que, en el mejor de los casos se cumplirán rigurosamente sin añadir valor.

El líder que da seguimiento, es paciente, influyente, flexible, directo y decidido sabe imprimir velocidad y calidad a los proyectos.  Conoce y reconoce de manera honesta las capacidades, habilidades, conocimientos y competencias de todos los miembros del equipo así logra sacar adelante multitud de tareas que conlleva un proyecto.

Estamos frente a la diferencia destacable entre un líder y un jefe. Cuando el responsable del proyecto  está en contacto con las opiniones de su gente, sin importar si están de acuerdo o no con su línea de pensamiento, estamos frente a un líder. Si quien está al frente se apropia del éxito o huye en los momentos de fracaso, ya sabemos lo que no es.

El líder es consciente de su responsabilidad. Toma las riendas para que los proyectos avancen y solicitan ayuda para planificarlos, ponerlos en marcha, corregir desviaciones y mantener el rumbo.  Tiene claro que sin el trabajo colectivo no se puede iniciar ningún proyecto y requiere de honestidad y humildad. Son el desequilibrio en el control,  la soberbia y la deshonestidad tres enemigos de los equipos de alto rendimiento.

¿Cuántos ejemplos llegan a nuestra mente de gente exitosa que su Ego le impide valorar a sus colaboradores?

Entonces, antes de finalizar, es sumamente importante recordar que el líder no tiene mejores cualidades que muchos de los miembros de su equipo pero si tiene más responsabilidad y por ello ha de convertirse en maestro de la influencia, la humildad y la honestidad.

 

 

 

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