¿Tenemos déficit de virtudes?

Echa un vistazo a la sociedad. ¿Ves a seres humanos felices volviendo de un día de trabajo?  ¿Ves a personas que se sienten en paz en medio de un conflicto? ¿Ves mucho amor en las familias o con los compañeros de trabajo? La verdad es que nos estamos conformando con muy pocas dosis de bienestar y la ignorancia es el germen de la infelicidad.

Ningún ser humano quiere sufrir voluntariamente, las personas desean ser felices y desean la felicidad para sus seres queridos pero no saben cómo lograrlo. Es así como quedamos atrapados en el victimismo, la indignación o la represión.

Somos una sociedad que sabe ejecutar, que tiene cada vez más habilidades productivas, que edifica un mundo cada vez más exuberante, maravilloso y atractivo pero olvidándose de sí mismo. ¿Cuánto edificamos virtudes como la paz, el perdón o el amor? ¿Sabes cómo cultivar estas cualidades imprescindibles para tu felicidad?

Somos desconocidos para lograr estados de bienestar interno y no sabríamos dar los pasos adecuados para hacerlo. Presta atención a los primeros pasos para lograrlo.

Para cultivar estados de mayor bienestar y sostenidos en el tiempo se hace necesario ser honesto y humilde.

La honestidad parece un objetivo inalcanzable incluso amenazante, pedimos a nuestros hijos que no mientan pero nosotros justificamos la ocultación de la verdad o la mentira como una regla que forma parte de las relaciones. Sin embargo ser cada vez más honestos con nosotros mismos nos permite conocer la verdad sobre nuestro mundo interior. Así es como empezamos el camino de desarrollo emocional saludable. Cultivar esta virtud tiene efectos terapéuticos. En primer lugar nos entrenamos en traspasar el miedo a conocernos y a afrontar nuestras zonas más ocultas. También permite que las máscaras con las que nos presentemos ante los demás vayan desapareciendo así  descubres que te agrada hacer y cómo quieres ser. Así vas explorando formas de relacionarte en las que cada vez “te gustas más”.

Con esta cualidad te alejas de la mentira y de la justificación constante de tus actos. A su vez, desarrolla tu potencial y deja de dirigir tu energía hacia la protección de tus defectos. Estos pasan a ser motivo de trabajo y no de ocultación hacia ti mismo.

 

La humildad está relacionada con la aceptación de nuestros defectos, debilidades y limitaciones. Cuando hay humildad en mí y he tenido éxito lo que siento es satisfacción interna, al contrario que la vanidad no necesita comunicar el éxito, reconocerlo internamente es suficiente.

La humildad nos permite silenciar nuestras virtudes, permitiendo que los demás descubran las suyas. Clay Newman

La paradoja de la humildad es que cuando se manifiesta, se corrompe y desaparece. La verdadera práctica de esta virtud no se predica, se practica. . Ser sencillo es el resultado de conocer nuestra verdadera esencia, más allá de nuestro ego.

En la medida que cultivamos la modestia, nos es cada vez más fácil aprender de las equivocaciones que cometemos, comprendiendo que los errores son imprescindibles en el aprendizaje del que no sabe, y esto hay que reconocerlo. De pronto ya no sentimos la necesidad de discutir, imponer nuestra opinión o tener la razón. Gracias a esta cualidad, cada vez gozamos de mayor predisposición para escuchar nuevos puntos de vista, incluso cuando se oponen a nuestras creencias. El objetivo ya no es aparentar ser valioso, ahora sentimos más curiosidad por explorar formas alternativas de entender la vida que ni siquiera sabíamos que existían. Y cuanto más indagamos, mayor es el reconocimiento de nuestra ignorancia, vislumbrando claramente el camino hacia la sabiduría.

La pregunta humilde resulta una herramienta útil para relacionarnos con nosotros y con los demás. Abre la puerta a forjar una relación. Esta comienza permitiendo entablar una conversación, afirmar y convencer es lo que solemos hacer y esto daña nuestras relaciones. Una pregunta humilde significa permitir que el otro vea mis dudas, mis desconocimientos pero también genera confianza porque yo he manifestado mi interés.

La pregunta humilde hacia mí mismo abre un espacio a encontrar respuestas y cuestionar “mentiras”. Cuando te reconozcas justificando porque no has logrado algo, humildemente pregúntate ¿Qué me ha impedido lograr esto que deseo? y asegúrate de que la respuesta te incluye solo a ti, a nadie externo.

En los primeros años de mi carrera como psicóloga mi trabajo consistía en ir a los colegios y dentro del aula hacer intervención para recoger necesidades emocionales en los alumnos, una experta psicóloga (Ma. Isabel Mairal) dirigía las dinámicas encaminadas a recoger la información para futuras intervenciones. En una ocasión ella me invitó a que explicara una de las dinámicas a los alumnos, cuando empecé a hablar mi garganta estaba completamente cerrada, cuando quise hablar salió una voz ronca que provocó las risas de toda el aula. Mi reacción mental inmediata fue buscar una justificación, sin embargo lo que me hizo salir de ese pánico escénico fue la pregunta humilde encaminada a comprender y la respuesta honesta, dirigida a mejorar.

Pensando que jamás podría hablar en público me dedique a trabajar en la sombra, manteniendo muy poco contacto con la gente. Años más tarde después de un trabajo introspectivo con la honestidad y la humildad mi trabajo consiste en dar formación tanto a empresas como a particulares.

En un momento de mi vida imaginé que quería viajar en globo y que este podía inflarlo con lo que quisiera para llegar donde quería. Elegí la humildad en lugar del orgullo porque me cansé de aparentar lo que no era. Escogí la honestidad porque con la mentira no podía dormir. Elegí virtudes porque el camino de los vicios: miedo, culpa, exigencia ya los conocía.

Si no te gusta la vida que llevas CAMBIALA!!!

 

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