¿Os imagináis lo qué ocurriría si siempre fuéramos abiertos?

Me refiero abiertos en el sentido de mi disposición para aceptar y recibir algo como opiniones, críticas, ideas o influencias; tener una actitud franca y libre de prejuicios ante algo o alguien. Es decir, soy abierto para decirlo todo, para expresar mis sentimientos, para contar mis pensamientos; si, mis pensamientos, incluso esos que me avergüenzan, justo los que estáis imaginando ahora. Y lógicamente para aceptar lo mismo de los demás hacia mí. Sinceramente creo que esto sería un problema muy serio, un cataclismo social sin precedentes, estaríamos agrediéndonos constantemente, una guerra abierta y nunca mejor dicho. Claro como he decidido ser abierto, pues te digo que “eres idiota, que no tienes ni idea de lo que haces, ah por cierto, eres feo y tu estilo en el vestir es penoso”. Además como eres mi amigo, sé que mi opinión la valoras más que la de cualquier otro, porque estás dentro de mi circulo, con lo cual el daño que te hago es mayor.

…vale, decidido, no quiero ser abierto, me huele que terminamos muy mal.

¿O quizás no?, la verdad que me resultaría realmente cómodo vivir en un mundo donde pueda decir lo que quiera, libremente, donde además estoy dispuesto a recibir los juicios y opiniones de las personas que me rodean, hasta estaría agradecido por recibirlas . Las discusiones serían totalmente diferentes, probablemente no estaría siempre empeñado en tener la razón, porque el objetivo de la discusión sería llegar a un punto en común, sumando las opiniones y no enfrentándolas. También podríamos abrir el debate de ¿cuándo ser abierto? Una posible respuesta sería con aquellas cosas y personas que para mí son significativas y que hoy tienen un cierto grado de preocupación. La hipótesis es que la apertura sería un catalizador, me ayudaría a ver las cosas con mayor claridad y reducir el tiempo de de esa preocupación. Pero bueno, regresando al ejemplo, en este caso mi amigo no me diría “pues tú eres cabezota, insensible, estás gordo y eres chaparrito”. Quizás podría decir algo como “¿Por qué tienes esa opinión de mí?, me gustaría que me expliques que te ha hecho llegar a esta serie de juicios sobre mi persona, podríamos darnos un tiempo para comentar todo esto”.

Parece que la segunda opción es mucho más interesante, por lo menos seguro que más efectiva, sin duda. Pero ahora; ¿Cómo lo hago?, ¿Cómo voy de la primera opción a la segunda?, ¿Cómo me mantengo abierto sin hacer daño?, ¿Cómo comunico “mi verdad” a otro y me aseguro que así lo entiende?.

Lo primero es conocerme a mí mismo, conocer mis sentimientos, mis pensamientos. Tener claro que hay una parte de mí  de la cual no me doy cuenta; si no me conozco realmente, seguro que termino hablando de lo que he comido hoy, aunque es probable que le interese a alguien. Ahora que me conozco, y que sigo insistiendo en ser abierto, no debo olvidar que cuando opino, lo que hago es exponer “mi verdad”, pero no es “la verdad universal”, simplemente es lo que yo pienso. Además para darle más emoción, puedo estar equivocado, incluso no tener razón, algo que me suele importar mucho en la mayoría de las ocasiones. Esto empieza a ponerse cada vez más difícil, porque hay que añadir que puedo tener prejuicios, o fundamentar mi verdad en diversas suposiciones o experiencias anteriores, en mi forma de ser, o simplemente en la educación que he recibido, incluso mi entorno social también me está afectando. Sería bueno hacerme consciente de ello y si además se lo cuento a la otra persona, sería genial, está bien, rozamos la utopía. Yo sigo insistiendo en ser abierto; a la hora de opinar sobre los demás lo más importante es hacerlo con humildad y respeto, hacerlo así no hará que tenga menos razón y desde luego que evitaré el enfrentamiento y ese problema que comentaba al principio.

Entonces ¿Ser abierto implica decirle al otro lo que pienso? La apertura tiene niveles, el primer nivel es ese, pero es eso sólo, decirle al otro lo que pienso. El nivel cinco es identificar que pasa conmigo con eso que pienso del otro. Me explico, el que yo le diga al otro “tonto”, es nivel uno, te digo lo que pienso de ti. La discusión no es si es verdad o no, para mi es verdad y en función de eso reacciono. Podemos discutir y debatir horas si fue o no una tontería lo que hiciste, y siendo honestos, difícilmente se cambiará de opinión.

Ahora ¿por qué eres tonto? Seguramente porque hiciste algo que yo interpreté como “tontería”, es decir asocio tu identidad con tu comportamiento, si además te digo por qué creo que eres tonto, la apertura va aumentando de niveles.

Cuando soy abierto conmigo mismo; tengo que hacerlo con respeto, con humildad y con cariño, no debo juzgarme a la ligera, como si no me importara la opinión que tengo de mí mismo.

Después ¿qué siento sobre eso que hiciste y que me pareció una tontería? Es decir no reacciono de la misma forma ante las tonterías, me puedo sentir enojado, frustrado, contento, aplaudir, dramatizar; como dije difícilmente reacciono igual ante las “tonterías” y menos dependiendo de quién las hace. Una tontería de mi chica/chico se ve como una virtud, si viene de alguien que no me simpatiza, lo veo como algo imperdonable.

Por último ¿por qué siento eso? es decir qué explicación me doy. La tontería que hiciste ¿por qué me hizo reaccionar así? ¿qué tiene que ver conmigo? ¿Por qué no hiciste lo que yo quería? ¿Por qué me siento amenazado? ¿Por qué tenía una expectativa diferente?. Entonces, no es sólo compartir al otro lo que pienso, sino identificar qué pasa conmigo cuando el otro hace tal o cual cosa. Ahora el texto sería algo así: “Fíjate, creo que eres un tonto porque no entregaste el informe a tiempo, y además lo hiciste con errores, me frustra y cabrea mucho que no cumplas lo que prometes, no pidas ayuda y no seas aplicado en tu trabajo. Era un informe muy importante para mí, porque estamos integrando toda la información, ahora seguro recibiré una bronca de mi jefe por todo esto. Ahora sí, si te has dado cuenta, el que seas tonto o no ya no es el centro de la cuestión”.

De la misma forma cuando soy abierto conmigo mismo; tengo que hacerlo con respeto, con humildad y con cariño, no debo juzgarme a la ligera, como si no me importara la opinión que tengo de mí mismo. La típica frase cuando hago algo mal “Pero mira que soy tonto”, seguro que cambiaría un poco si dijera “acabo de hacer algo que no sirve para lo que quiero conseguir”, eso sí, tardo un poco más, pero he tenido que reflexionar mucho más que con la primera.

Y ahora me imagino a mi amigo preguntándome: “¿Bueno y que tal el sábado por la noche…?”, en plan socarrón. ¿Qué hago, le contesto?, he decidido ser abierto, vaya dilema. Ser abierto no significa desvelar mi intimidad, no tengo que mostrarme desnudo delante de todos, ser abierto significa tener la opción de decirle a mi amigo que no quiero hablar de ese tema, porque sencillamente quiero mantenerlo para mí. Y mi amigo no tendría que reprocharme no ser abierto, al contrario, le he dejado clara mi postura y lo que pienso.

¿Utopía, un mundo ideal?…

…ahora sí, ahora lo tengo claro… y ¿tú?

Hasta la próxima.

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