El peor crítico, tú mismo. ¿Cómo salir de ahí?

 

El drástico incremento de las personas que sufren temor, ansiedad, depresión, en las últimas décadas es un reflejo directo de la lucha que tenemos con la falta de paz interna y autoaceptación.

En la actualidad la vida no se considera un viaje sino una competición. Este estilo de vida enfocado a lo externo se ve acelerado por mucha información que nos distrae pero que nos impide relajarnos y desarrollar una relación con nosotros mismos. Cogemos información de lo externo pero no estamos enfocados a explorar nuestros dones y talentos para disfrutarlos, desarrollarlos y compartirlos con el mundo.

A mi consulta vienen muchas personas profesionalmente exitosas, con puestos de responsabilidad, ingresos económicos estables y  vidas más que confortables. Sin embargo reconocen sentirse inseguros, preocupados, desmotivados y sobretodo insatisfechos.

Todos ellos, cuando prestan un poco de atención al dialogo que mantienen en su interior, pueden identificar una voz crítica negativa, que suele basarse en el juicio, la preocupación y la duda. Este es un gran descubrimiento sin embargo puede surgir una discusión con ese diálogo, es ahí donde la intervención es de gran importancia. Aprendemos a aceptar que ese crítico interno está ahí para protegernos pero no debe crecer en exceso y relacionarse con él desde el dialogo y la compasión es la mejor solución.

Acercarse a la parte subconsciente de ese dialogo interno con el corazón, con bondad y compasión aumentan la rumiación positiva, rebajan la ansiedad, la tristeza y el bienestar con la vida.

¿Te has dado cuenta alguna vez que tu corazón está completamente abierto a algunas personas pero no a ti mismo? Es fácil ver como comprendes y eres amoroso con la gente a la que quieres pero no toleras los mismo comportamientos en ti mismo.

El ejercicio siguiente te ayuda a interrumpir de inmediato la espiral descendente del diálogo interno negativo y a establecer una relación con tu protector interno basada en la confianza. Es muy poderoso, y es una de las acciones más eficaces para empezar a trabajar con tu mente subconsciente.

  • En primer lugar, toma conciencia de tus pensamientos negativos y anótalos a medida que vayan surgiendo como burbujas de las profundidades de tu subconsciente. Ni siquiera tienes que pensar en ellos. Están ahí. Al prestar atención, ya te estás conectando con ese yo interno que te necesita.

 

  • El segundo paso consiste en comprobar la realidad de esos pensamientos, hazte estas tres preguntas: «¿Es verdad este pensamiento?», «¿ Me hace sentir bien?», «¿ Me ayuda a conseguir mis objetivos?». Estas preguntas interrumpen la espiral del pensamiento negativo antes de que esté fuera de control.

 

  • Luego reorienta el pensamiento negativo con tres pensamientos positivos que lo contrarresten. Por ejemplo: si piensas «soy un fracasado», puedes decirte «he tenido éxito en muchas cosas», «no hay fracasos, solo oportunidades de crecer y aprender», «soy una buena persona con buenas intenciones». Si oyes «va a ocurrir algo malo», puedes pensar «en este momento todo está bien», «me he sentido ansioso muchas veces antes y no ha ocurrido nada malo», «tengo recursos para lidiar con lo que se presente en mi camino».

 

  • Añade una energía compasiva, bondadosa y tranquilizadora a los pensamientos que usas para contrarrestar los negativos. Para tu mente subconsciente, las palabras solo tienen significado y efecto si están asociadas con emociones. En lugar de discutir contigo mismo en tu cabeza, involucra el corazón en el proceso. Aunque te parezca difícil ser bondadoso contigo mismo, si recuerdas que la fuente de tus pensamientos negativos es tu joven protector interno, que reproduce viejas «cintas» y repite programas de supervivencia trasnochados, todo se vuelve más fácil. Cuando añades bondad y compasión a los pensamientos positivos que usas para contrarrestar los negativos, asumes el papel de adulto fiable y competente. Dejarás de sentirte impotente e inseguro y te verás capaz de hacerte cargo de tu seguridad y bienestar.

 

Como ocurre con todas las herramientas, este ejercicio funciona mejor si lo practicas más de una vez. Recuerda: el objetivo es crear una relación consistente con la fuente de tu diálogo interno negativo. Lo ideal es repetir este proceso al menos cinco veces al día durante el primer mes. Muy pronto notarás una reducción significativa de tus pensamientos negativos. Es como si tu yo más joven por fin recibiera las respuestas, la guía y la tranquilidad que anhelaba. Como consecuencia, ya no te sentirás víctima de tus propios pensamientos y experimentarás mucha más paz y aceptación.

Ejercicio de compasión y generosidad

La compasión es el deseo de que un ser vivo no sufra, y suele estar combinada con sentimientos de interés sincero y empatía. La generosidad es el deseo de que un ser sea feliz, y va acompañada normalmente de sentimientos de afecto. En la vida cotidiana, ambas suelen fundirse en una, que va unida a querer ayudar, a la afabilidad y el altruismo. Aunque la compasión pueda tener una connotación levemente triste, cultivarla mediante una práctica como la que sigue a estas líneas puede activar progresivamente los centros de recompensa del cerebro y hacerte sentir con más claridad su dulzura y belleza.

Paso 1. Tener. Date cuenta de momentos en los que ya te sientas compasivo o generoso. Crea también esta experiencia evocando el recuerdo de una persona, grupo o mascota que te importen de verdad. Podrías, quizá, ofrecerles mentalmente tus buenos deseos, diciendo, por ejemplo: «Te deseo paz».

Paso 2. Enriquecer. Ábrete a la compasión y la generosidad. Deja que estos sentimientos te llenen la mente y el cuerpo y se hagan cada vez más intensos. Entrégate a ellos y ayúdalos a durar. Percibe la zona del corazón e imagina que la ternura se extiende por ella. Piensa en un amigo o una amiga y envíale compasión o generosidad, pronunciando por ejemplo palabras como: «Te deseo seguridad, salud, alegría y una vida tranquila». Prueba a hacerlo luego con otra gente, personas a las que aprecias mucho, otras hacia las que te sientes neutral, por ejemplo gente a la que ves pasar por la calle, y quizá incluso quien te ha tratado mal. Puedes extender tu simpatía y tus buenos deseos a personas a las que no conocerás nunca, dejando que tu compasión y generosidad se irradien al mundo entero. Fíjate en la sensación que te produce enviar buenos deseos a todos los seres vivos, incluidos los animales y las plantas. Encarna la compasión o la generosidad susurrando palabras o sonidos de consuelo, como harías con un amigo que sufre, o como te parezca apropiado, quizá abriendo los brazos como si estuvieras meciendo o abrazando a alguien.

 Paso 3. Impregnarte. Deja que la compasión y la generosidad penetren profundamente en ti, como el calor del sol que incide en tu piel. Haz sitio dentro de ti para estos sentimientos. Déjate cambiar y volverte más generoso y compasivo, y, mientras se produce el cambio, permite que cualquier encono, malquerencia o resistencia hacia otras personas se desvanezca.

Paso 4. Vincular. Sé consciente de la compasión y la generosidad, así como de la indiferencia o animadversión hacia otros (o sentimientos relacionados, como celos, envidia, ira, resentimiento o ánimo de venganza). Regenera tu afecto una y otra vez y siente cómo se conecta con la indiferencia o el rencor y los va transformando. Deja que la compasión y la generosidad acaricien cualquier sensación de ira que haya dentro de ti. Siente lo que es ver con claridad a alguien tal como es, y, al mismo tiempo, ten compasión por él. Siente lo que es saber que alguien te ha tratado mal y querer que se haga justicia, y, al mismo tiempo, desea que esa persona no sufra, que, por el contrario, sea de verdad feliz. Siente que la compasión y la generosidad penetran en aquellos lugares que se han sentido indispuestos o fríos hacia los demás, ayudándolos a distenderse y llenándolos de calidez. Luego, suéltate de cualquier elemento negativo. Durante la próxima hora, trae a la mente varias veces hechos que en el pasado provocaran en ti indiferencia o animadversión, mientras te quedas únicamente con un fuerte sentimiento de compasión y generosidad.

Compasión por ti mismo Se trata simplemente de aplicarte a ti mismo la compasión, como consecuencia de estos ejercicios sentirás cada vez más aceptación, paz y bienestar con la vida.

 

Fuentes:

  • HANSON, RICK. CULTIVA LA FELICIDAD
  • TAMY SIMON. EL CRITICO INTERNO Y LA AUTOACEPTACION

 

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